La cubierta del estadio es sin lugar a duda el elemento de mayor complejidad tecnológica del edificio. Su diseño, de aparente sencillez, se asemeja a un velo tensado sobre una serie de postes verticales. Dado el colosal tamaño a solucionar, unos 41.000 m², para lograr la extrema ligereza y esbeltez de los elementos estructurales se han usado los modelos de cálculo matemáticos y de modelado de ingeniería más avanzados.
En esta cubierta, en realidad, el funcionamiento estructural es “sencillo”… cincuenta pilares de acero sostienen un sistema en equilibrio formado por dos anillos estructurales. El anillo que es estructuralmente más poderoso, el anillo exterior o de compresión, cuenta con vigas de acero de gran grosor que trabajan fuertemente comprimidas. El segundo anillo, el interior, es mucho más liviano, y está formado por un conjunto de cables de acero divididos en dos niveles trabajando fortísimamente traccionados… estos dos anillos principales se unen entre si por cincuenta pares de cables conectados por montantes de acero que trabajan a tracción como los radios de una rueda.
Una vez que, apoyándose siempre en el anillo exterior, con un sistema neumático se puede izar el anillo interior tirando de los cables radiales que los unen y se equilibran las fuerzas entre sí, se consigue una estructura estable y por tanto se puede cubrir con una superficie continua… que es la que en realidad protege del sol y la lluvia. Este esquema de trabajo conjunto de cables y acero permite poder abarcar enormes distancias (se cubren un máximo de unos 70 metros) con una cantidad de mínima de material
Para cubrir esta gran superficie, la solución que finalmente se llevará a la obra será una membrana de última generación, que aporta un excelente comportamiento a las fuerzas de tracción (esta membrana debe ayudar al arriostramiento general de la estructura de acero) con una gran ligereza y resistencia permitiendo además que pase una cierta cantidad de luz al ser ligeramente translucida